domingo, 26 de abril de 2015

De Soledades, Caricias, Orgasmos y Otras Carencias

La angustia no se había ido, de hecho comenzaron además a aparecer ciertos malestares en la garganta, mis ENEMIGDALAS habían decidido atacar en esta primavera…

Así que al llegar a CiudadPasiva después de esa semana caótica en ACity, con crisis de pánico y flojera extrema; lo primero que hice fue contactar a un cuarentón al cual le había echado el ojo meses atrás, pero sin resultados positivos (no ese positivo).  Formadito, pelado, nada de feo, pero cuarentón.  A ver, debo ser sincero, el tema de la edad no es tema si el tipo es mayor hasta 5 años, o menor hasta 5 años, para mi ese rango es tolerable, la verdad no podría mantener una relación seria con alguien que tiene 10 años más que Yo, la diferencia generacional es abismante y además está el otro asunto importante, el envejecimiento, porque igual es bkn envejecer con alguien que lleva el mismo ritmo y no con alguien que al pasar 10 años parece un vejete a tu lado.  En todo caso se trata de mi gusto, nada más…

Nos quedamos de juntar en el centro, al llegar veo a un tipo chiquito, varonil, bien vestido.  Después del saludo nos fuimos a mi Habitación del Sexo 2.0.  Entramos sigilosamente, prendí la tele que desde que llegué a CiudadPasiva ha sido encendida en dos oportunidades para tapar los posibles ruidos en el ring de 1 ½ plaza… 

Caricias, el disfrute sensual, mi mano sobre su torso alfombrado con canas, mis manos sobre sus brazos fuertes, sus manos sobre mi pecho, su boca en mi piel, sus dientes en mi cuello.  Nada de besos en la boca, sólo un divagar de manos que no encontraban puerto donde atracar…

Sus manos en mi espalda, ese presionar de músculos que me relajaba y me hacía sentir en las nubes, sus dientes bien entrenados que sabían cómo morder sin sentir dolor, sabía usar su cuerpo como instrumento de placer…

Me bajé el pantalón y entregué mi verga a su disfrute oral, fue genial, no el mejor sexo oral de mi vida pero el placer estaba presente y gusto era mutuo.

Luego vino lo inevitable, entré en su cuerpo, entero, el montado sobre mí pero Yo controlaba el ritmo, era mío, y mi misión en ese momento era hacerlo sentir placer, hacerlo gozar por sobre mi gozo personal, era un ser dispuesto a dar placer anal a mi compañero de batalla incidental…

Juanito, me duele, pero me gusta…  Pero debo parar…

Me salí y mi pene fue presa de su boca nuevamente, me fui sobre mi pecho…

Luego seguimos conversando abrazados, queriendo creer ambos que eso era la felicidad eterna sin ese sabor a arrepentimiento que tienen los colas que practican el sexo al pasar.  Su vida era difícil, y se notaba el dejo de desazón en aire cuando hablaba, por no tener un compañero de viaje para esta travesía llamada vida.  A veces es mejor estar acompañado.  A veces.



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Juanito Fulanito

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